EN MANGA CORTA.

Julio 15, 2008

HOMAGE

 

Sarkozy impone la condecoración a Ingrid B. acompañada de su familia.

Ingrid Betancourt es Chevallier de la Legión de Honor de Francia.

Este 14 de julio, el Gobierno francés hizo a Ingrid Betancourt miembro (que no miembra ¿verdad Ministra Aído?) de la Legión de Honor en el grado de Caballero (¡más líos de género+lengua!) Y como han hecho los anglos, le pedimos ahora prestada al francés la palabra homage para hacer uno (al vacío), trayendo esta otra que apareció por allí:

El 2 de julio surge ingrid.

El 2 de julio surge ingrid.

  • INGRID.
  • (Del esp.-fr. Ingrid)
  • 1. f. com. sust. tr. adv. adj. Col.-fr.

Las palabras, elusivas e insuficientes ante tantas realidades, han sacado hoy de la fragua colombiana un nuevo vocablo forjado a fuego congelante por seis años: ingrid. Verbo sustantivo, adverbiador adjetivante. Femenino singular, pluralizable más allá de género, raza, clase y condición. Significante de dispares significados, que sin embargo no puede renunciar a uno: coraje superviviente y esperanza contagiable en la superación de cautiverios.

 Una Palabra tan viva como la lengua. Sujeta –paciente- de un infame lapso de gestación, que parecía difuminarla y amenazaba extinguirla antes de poder acuñarse. Sonó, como a clarinete contralto (al chalumeau de su otra patria), en clave de feliz entereza serena y a un intenso andante mezzo-forte, a la hora del café -de Colombia claro- del 2 de julio de 2008.

Y lo hizo al fin con la voz activa de la libertad directa que hoy trasciende aun más a los actores y sujetos inmediatos, e irradia transitividad humana, ética y espiritual. La voz pasiva no cabe más en la acción y efectos del Vocablo vital que salió del helicóptero blanco.

La delgadez ceñida por la vida selvática, un azulón y botas lecheras, chaleco camuflado, un gorro Gilligan de ala ancha y una diadema trenzada de sí misma, fueron el decorado de campaña de los breves labios -apenas delineados- que como esclusas entornadas dejaron fluir la vida que resuena por fin a mar abierto. Ya travieso el estrecho parasitante, revive con todo, a uno distinto del que la derivó en el Caguán un abordaje corsario.

Hoy fluye a otra vida, superado el desierto de la hibernación tropical, cuyo precio y riesgo era asistir aislada al propio deterioro y extinción. Una desgastante catalepsia moral que resultaba otra enemiga en sí misma. Fluye, huída ya de la prisión verde de celdas ambulantes que, sin embargo, no podía impedirle trocar la miseria en crecimiento y riqueza humana. Si conseguía sobrevivir. Sobrevivirlo. Sobrevivirse.

La familia distante, doliente, militante; la radio, los helicópteros, la autoconciencia de causa internacional, la rutina, el silencio, la incertidumbre, las marchas, los bichos, la higiene como epopeya, los compañeros, las enfermedades, los ideales, la desesperanza, el coraje, la indignación, las oraciones, las tentaciones, las políticas, las desilusiones, las injusticias, los agravios, los delitos, la sinrazón, la rabia en el corazón y el alma de la esperanza en la paz: son eslabones que tejen las cadenas que envolvieron tantos días.

Esas que vienen en su mochila, procesadas con admirable equilibrio. Como para poner ante la depresión o el Síndrome de Estocolmo, la Lisis del Guavaire. Esa mochila lleva también su anhelado diccionario, al que le falta una palabra: un vocablo bilingüe, que habla de cautiverios, coraje superador y esperanza premiada con hechos. Una realidad humana colombo-francesa que con sencillez se dice Ingrid.

 Tegucigalpa, 2–julio-2008.

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